Dollhouse: Behind The Broken Mirror es el último juego de la desarrollador Indigo Studios, y el Publisher Soedesco.
Dollhouse: Behind The Broken Mirror es mejor que muchos otros títulos de terror en primera persona porque al menos te deja defenderte, pero peca en varios aspectos que logran deslucir una serie de buenas ideas y conceptos. Abramos el taller de marionetas, toca ver qué hilos mueven a este juego que nos llegará en formato físico para PS5 y Xbox el 28 de marzo de la mano de Tesura Games.
Las marionetas son espeluznantes, entran en ese espacio del valle inquietante que a pocos nos gusta visitar. Durante años a mí me provocaban escalofríos, y aunque ya he superado esa etapa, no puedo negar que siguen resultando figuras perturbadoras. Dollhouse: Behind The Broken Mirror decide hacer de estas figuras de madera su marca de terror, y digamos que lo logra a medias.
La historia nos pone en los zapatos de Eliza de Moor, una ex cantante que ahora vive sin recuerdos debido a una amnesia recurrente. Y aquí empiezan los clichés. Protagonista amnésica que debe ir a una vieja mansión a investigar su pasado. Para más inri, tenemos al doctor Stern realizando una de las peores praxis médicas de la historia de los videojuegos.
Le da a Eliza una droga que le permite revivir sus recuerdos, pero que tiene como efecto secundario provocar que esta no sea capaz de discernir realidad de ficción. Una excusa muy conveniente para crear situaciones de terror y jugar contigo al despiste de “¿es esto real, o quizá no?”. No he sido un gran fan de este toque pseudocientífico para justificar las cosas. Las marionetas que se mueven solas ya dan bastante mal rollo.
Incluso con estas quejas, pienso que la historia es interesante y el misterio que guarda en su interior ayuda a seguir avanzando a pesar de su jugabilidad.
Creo que si digo juego de terror indie en primera persona ya os podéis hacer una idea de la estética que va a seguir. En efecto, 3D que busca el hiperrealismo y deja un poco de lado el tener una identidad propia. Los modelos humanos se ven bastante terribles, pero por lo menos tiene dos cosas buenas, los escenarios y los diseños de las marionetas.
Si bien se logra conseguir un ambiente de terror decente mediante los juegos de luces y sombras y, obviamente, las criaturas que salen a tu acecho, sigue sin atinar demasiado por la calidad gráfica, la cual pasa por algo cutre y simplista. Aunque esto es comprensible teniendo en cuenta que es un estudio indie.
Las animaciones van a la par y dejan que desear, incluso las marionetas no terminan de conseguir unos movimientos realmente espeluznantes. Por lo menos esto se ve compensado por la banda sonora que es bastante buena y un apartado sonoro cuidado que te pone los pelos de punta si juegas con cascos.
Vamos con el mayor punto de dolor, la jugabilidad. Admito que en cuanto conseguí una pistola me alegré. Estoy cansado de juegos del estilo en los que sólo puedes esconderte y huir de los enemigos, sin poder presentar batalla. Se supone que el estar indefenso potencia el terror, pero es algo que a mí me resta. Tener que hacerle frente a los horrores es algo que me llena aún más de tensión y pavor.
En Dollhouse: Behind The Broken Mirror esto es así por dos razones, por la que ya he comentado y porque disparar aquí es un engorro. Seguramente todos los problemas que tengo a nivel jugable puedan achacarse a la versión de consolas puesto que el apuntado es poco preciso debido al uso de mando, así que hay que tener esto en cuenta.
El apuntado asistido funciona de una manera extraña, haciendo que la mira se acerque automáticamente al centro del cuerpo, incluso cuando apuntaba a la cabeza a veces esta se movía para abajo. La sensación al disparar es como de estar tirando con una pistola de agua y cuando te golpean, más de lo mismo. Tu personaje no parece inmutarse y sólo sabes que te han dado porque los bordes se tiñen de rojo, baja tu salud y la velocidad de Eliza disminuye a ritmo tortuga.
Esto nos lleva al siguiente punto, es casi imposible evitar a los enemigos si hay varios. ¿Quieres ahorrar munición? Mala suerte, vas a tener que abrirte paso a balazos. Esto se debe a lo ya comentado de la ralentización cuando te golpean, pero sobre todo por los escenarios estrechos y la infinidad de puertas cerradas que hay. Y esto no sería tan problemático si el apuntado para interactuar con objetos estuviese fino. La mayor parte del tiempo la pasas intentando que aparezca el icono de interactuar con algo, incluso cuando tu mira está apuntando directamente a dicho objeto. Se ve que necesitas estar en un ángulo concreto para que lo detecte.
Si la jugabilidad ya es algo tosca y quita las ganas de jugar, los puzles terminan por rematar la faena. Están poco inspirados, por decirlo de alguna manera, y son muy fáciles. No vais a encontrar nada nuevo en este aspecto.
Y la verdad es que me apena que cada vez más los survival horror dejen de lado este aspecto que daba algo de respiro y vidilla al género. Eran un minijuego dentro del juego, al que te hacía pensar un poco más y que convertían la experiencia en algo memorable. Dollhouse: Behind The Broken Mirror cumple y ya está en este aspecto.
La exploración es otro elemento que no anda muy pulido. Cuando juegas tienes esa sensación de estar jugando a algo similar a Resident Evil Village, pero sin ninguno de los alicientes que te invitaban a investigar ahí.
Estamos ante un survival horror en primera persona que plantea una historia interesante a pesar de sus excusas baratas para generar terror. La historia de los De Moore, Ravenhill y la mansión es buena, pero por desgracia todo el concepto psicológico no tanto. La jugabilidad podría pulirse un poco más en PS5, pero estoy convencido de que en PC será mucho más cómodo de jugar y no resultará tan molesto el hacer según qué tareas.
Dollhouse: Behind The Broken Mirror es un cúmulo de buenas ideas ejecutadas regular, con menos presupuesto del que necesitaría para poder destacar bien y brillar un poco más. Veo lo que se ha intentado conseguir, pero por desgracia el resultado no se corresponde del todo.